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Atualizado: 1 hora 31 minutos atrás

Jóvenes voluntarios acompañan búsqueda de desaparecidos en México

ter, 29/01/2019 - 12:18

Karina Morales, junto a otra voluntaria, participa en la Cuarta Brigada Nacional de Búsqueda de Desaparecidos, en el municipio de Huitzuco, en el suroeste de México. Crédito: Efraín Tzuc/Pie de Página

Por Efraín Tzuc
HUITZUCO, México, Jan 29 2019 (IPS)

Con la consigna “Los desaparecidos de unos son los desaparecidos de todos”, jóvenes de todas las entidades de México se integraron de forma voluntaria a la Cuarta Brigada Nacional de Búsqueda de Desaparecidos. Impactados desde la niñez o adolescencia por la espiral de violencia que envuelve al país, los muchachos acompañan a otros de sus contemporáneos que buscan a sus familiares o amigos.

Es poco más de la una de la tarde y el sol aprieta en el cerro de la Antena de los Timbres, en el municipio de Huitzuco, en el estado de Guerrero, en el suroeste de México. Kevin Guzmán, de 19 años, y Karina Morales, de 25, escarban con sus manos dentro de una fosa clandestina mientras un perímetro de familiares de personas desaparecidas, voluntarios –a quienes se les llama solidarios– y periodistas guían y observan las labores.

Es el primer día de búsqueda en campo después de un fin de semana en el que los familiares y las personas solidarias convivieron y recibieron capacitaciones en el marco de la Cuarta Brigada Nacional de Búsqueda, que en esta ocasión llegó a Huitzuco, a 30 kilómetros de la ciudad de Iguala.

A diferencia de las pasadas brigadas, según mencionan los organizadores, en esta ocasión el número de brigadistas es mayor.

Resaltan rostros cada vez más jóvenes que contrastan con la imagen ampliamente difundida de las madres que buscan a sus hijos e hijas desaparecidas. Ellos y ellas son también hijos, hijas o hermanos y hermanas de un desaparecido, otros más llegaron de manera voluntaria movidos por el deseo de apoyar a la brigada como solidarios. A todos ellos los une haber crecido en la década más violenta del país.

Desde el inicio de la guerra contra el narcotráfico, la desaparición ha atravesado a todo México, sin embargo, sus víctimas son predominantemente personas jóvenes. Hasta abril de 2018, según datos del extinto Registro Nacional de Datos de Personas Extraviadas o Desaparecidas (RNPED, la única base pública del gobierno Federal que puede ser consultada),  40,3% de las personas desaparecidas se encontraba entre los 15 y 29 años de edad.

Desaparecer en una misma

Viridiana Morales Rodríguez tenía 21 años cuando desapareció en San Pedro Tlanixco, en el estado de México, el 12 de agosto de 2012, “hace seis años, cinco meses”, me dice Karina, su hermana, como si ya no hiciera falta el cálculo mental y los meses solo se apilaran uno tras otro en su cabeza.

Kevin Guzmán, de 25 años, participa junto con su hermana Tania, de 23, en la Brigada de Búsqueda de Desaparecidos de este año en México. Crédito: Efraín Tzuc/Pie de Página

Cuenta que cuando recién desapareció Viridiana, familiares, amigos y autoridades por igual le preguntaban por su mamá y le pedían que la cuidara; ella se hizo tan responsable de que su mamá estuviera bien que se olvidó de sí misma, olvidó que Viridiana también es su hermana.

Karina recuerda que tuvo que dejar sus estudios en docencia porque era muy doloroso ir a la escuela sabiendo que su hermana no estaría en la facultad de al lado, la de psicología, en donde incluso a la fecha hay un mural con su rostro. También cuenta que se aisló mucho.

“Yo sentía que nadie me entendía. No quería llorar enfrente de mi mamá ni de mi hermano porque no quería que ellos se sintieran más mal; enfrente de los demás menos, porque yo decía ‘nadie me entiende’, porque muchos me abrazaban pero no sabían qué decirme”, explica.

En algún punto de estos seis años y cinco meses, Karina decidió estudiar derecho e involucrarse más en la búsqueda para sentirse parte de una lucha colectiva y poner su granito de arena. También participó en la organización de la tercera caravana de búsqueda en vida que se realizó el año pasado Morelos, en donde vive. Ahora está aquí, en Huitzuco, esperando encontrar, al menos, al familiar de alguien para devolverle algo de paz.

Tenía 18 años cuando su hermana desapareció, justo la edad que tiene ahora Kevin, el chico con el que desenterró el único cuerpo localizado en el cerro de la Antena de los Timbres.

Saberse desaparecido

A Jorge Alejandro Salas lo conocí mientras conversaba con el señor Raúl Álvarez, que tiene desaparecido a su hijo Álvaro Ramírez Rodríguez desde el 9 de mayo de 2016. Jorge escucha atento y pregunta poco, su voz es firme pero suave.

No omite decirle al señor Raúl que “estamos con usted” antes de alejarnos para tener la entrevista. Tiene 23 años y es egresado de la licenciatura en sociología. Es un solidario, o sea, no tiene a ningún familiar desaparecido. Se decidió a venir a la brigada apenas la semana anterior a que esta iniciara; su novia se había registrado en la convocatoria pero por razones laborales no pudo venir, Jorge tomó su lugar y viajó de Ciudad de México a Huitzuco el 18 de enero.

Jorge Salas, uno de los jóvenes voluntarios en la Brigada Nacional de Búsqueda de Desaparecidos. Crédito: Efraín Tzuc/Pie de Página

Su asistencia no es tan fortuita, investiga la desaparición forzada para su tesis de licenciatura y, por su propia formación, se considera una persona sensible. Me decía que después de conocer el terror y el dolor de las desapariciones desde una perspectiva académica, sentía la necesidad de venir y poner el cuerpo al lado de los familiares.

Jorge tiene claro que viene a apoyar, desde estar en la cocina hasta dar un abrazo solidario.

“Hace un rato estuve ayudando a las muchachas que son pobladoras de acá, que les pidieron ayuda en la parroquia a enrollar tacos dorados, pero mientras enrollo tacos dorados estoy platicando con ellas sobre cómo es la situación aquí, cómo están de escuelas, cómo están de trabajos, porque eso a mí me hace darme una perspectiva más amplia del horizonte en cuanto a cuáles son los factores para que haya este tipo de violencias acá”, detalla.

El miedo no escapa de nuestra conversación, salir de casa a uno de los estados más violentos del país para buscar en fosas clandestinas no es una tarea que espera realizar cualquier persona que no tenga la necesidad de encontrar a un familiar. La mamá de Jorge sufrió su partida. La posibilidad de desaparecer o ser víctima de cualquier otra agresión está presente.

También le sucedió a Marisol Arvizú Herrera, ella vive en Chimalhuacán, también el estado de México, tiene 23 años y egresó de la licenciatura de psicología social. Marisol no había pensado mucho en la brigada hasta dos días antes de venir a Huitzuco. “Yo no sé qué pasaría contigo si desaparecieras y siempre me preocupo porque sé que andas muy tarde en la calle y sé cómo es violento el país”, le dijo su padre. En ese momento la posibilidad surgió.

“Pasó de eso un día y no podía dejar de pensar, tenía una especie de nudo en la garganta de imaginar el dolor de los otros, no sé si te ha pasado, a veces el dolor ajeno se siente tan fuerte que no sabes ni qué hacer, como que quieres llorar pero también estás enojado y ya, la respuesta era venir acá”, narra.

Además de haber estudiado psicología social, Marisol es compositora y música. En un par de ocasiones la vimos sacar su ukulele, la pequeña guitarra acústica, y compartir con ella “un poco de paz y también de rabia” porque, dice, es otra forma de canalizar las emociones y de traer también emociones positivas.

Marisol tiene un canción sobre la desaparición, se llama “Voz casi muda”. Nos la cantó en una fogata durante la segunda noche de la brigada. Después le pregunté por la canción y me contó que la escribió cuando fue la desaparición transitoria de Marco Antonio en la Ciudad de México el año pasado, un chico que entonces tenía 17 años:

“Nació de la impotencia de saberme tan pequeña y que realmente no puedo hacer nada para enfrentar a la macroestructura, pero en ese momento se me ocurrió que esa canción sí podría dar voz a las voces que han sido silenciadas, por eso se llama ‘Voz casi muda’, porque sé que para esta canción, a menos de que se volviera súper viral, bastaba con que esta voz pequeña, esta Mari cantando, fuera escuchada y que supieran que hay personas que también vemos y vivimos ese dolor en formas diferentes y perspectivas diferentes”.

 

Marisol Arvizú, de 23 años, proveniente del estado de México, que apoya la búsqueda de desaparecidos. Crédito: Efraín Tzuc/Pie de Página

A ella la invitó un conocido suyo que colabora en Centro de Estudios Ecuménicos, una organización que colabora de cerca con el equipo organizador.

Buscar es restituir la vida

A Ernesto Mello Ulloa lo vi en un grupito de chicos y chicas entre unos 17 y veintipocos años. Reían, se tomaban fotos y comían juntos. Él tiene 19 años y, como los demás jóvenes entrevistados, esta era su primera brigada de búsqueda de personas. Vino con su padre Demetrio Melo Miranda y su madre Catalina Ulloa Arredondo. Su hermano desapareció junto con los hijos de María Herrera, Mamá Mary, como le dicen de cariño.

Cuando Gabriel, el hermano mayor de Ernesto, desapareció, él apenas tenía 10 años.

Le pregunté qué significaba la búsqueda para él, pensando en un ejercicio colectivo que hicieron todos los brigadistas, familiares y solidarios, un día antes. Ernesto lo tiene claro, para él no se trata solo de buscar a su hermano porque buscar también es compartir su experiencia con otros chicos de primaria y secundaria aquí en Huitzuco, para que no sigan el mismo ejemplo que han seguido otros jóvenes en los años pasados y para que vean que el crimen organizado no es la única salida.

Así, la búsqueda no se limita a remover la tierra, en palabras del propio Ernesto, la búsqueda tiene que ver con “tener una seguridad de que el país puede cambiar, no a través de las organizaciones de gobierno sino a través de muchas experiencias que hemos pasado cada uno de nosotros”.

La misma pregunta me respondió Edwin Hernández González, estudiante de tecnologías de la información, también de 23 años. Para él, además de encontrar a las personas, la búsqueda también es por encontrar su vida, sus experiencias, el cariño que le tenían sus familiares. Lo resume así: “no estamos buscando cuerpos, estamos buscando una vida y todo lo que conlleva”.

Su respuesta es bastante similar a la de Jorge Salas, para él la búsqueda es una acción restitutiva de la vida. Él me advierte que podría ser paradójico pero parece estar convencido de que buscar es dar vida a quienes ya no la tienen y se encuentran lejos de sus familias, ocultos debajo de la tierra. Insiste: “le das vida en el sentido en que lo devuelves de ese espectro de la desaparición que desde lo jurídico hasta lo simbólico tiene muchas implicaciones. Es como dicen, los huesos también hablan y los huesos también cuentan una historia”.

Encontrar no es un consuelo

Encontrar no es un consuelo, advierte Tania Guzmán. Tiene 25 años y vino con su hermano menor, Kevin. A su papá lo desaparecieron el 13 de agosto de 2017, cuando ella tenía 23. Pasó 6 meses en una fosa clandestina en el municipio de Jalisco, Nayarit, y otros 5 en el Servicio Médico Forense de Tepic, mientras ella lo seguía buscando. Encontrar no es consuelo, repite. Ella no quería encontrarlo así.

Edwin Hernández González, de 23, y Ernesto Mello Ulloa, de 19, se acompañan en la búsqueda de personas desaparecidas por los poblados del suroccidental estado de Guerrero. Crédito: Efraín Tzuc/Pie de Página

A Tania la indignación le saca un par de lágrimas. Su voz tiembla del coraje y dice: “a mí me han dicho muchas veces que a mi papá se lo llevaron por una equivocación. Eso no es consuelo. No es un examen donde si me equivoqué lo borro y pongo la respuesta correcta. A mí me dicen ‘sí, fue una equivocación pero ya no tienes a tu papá’, o ‘aquí están sus restos’. Eso no es consuelo para mí. Tuvo un fin que nadie merece, nadie tiene derecho a arrebatarle la vida a una persona nomás porque sí”.

Algunos familiares de personas desaparecidas que fueron localizados sin vida –asesinadas, para evitar eufemismos– siguen buscando, como Tania y Kevin. “A mi padre lo devolvió una lucha. Una búsqueda. Entonces si a mí me dicen y yo digo ‘no’, me siento mal hasta conmigo misma”, dice ella. Similar es la respuesta de Kevin: “decidí venir por lo mismo de que como encontraron a mi papá, pues me gustaría como quien dice devolver ese favor, y ayudar a la gente que lo necesita”.

Heredar la búsqueda

Tita Radilla es una veterana en la búsqueda de personas. Su papá, Rosenda Radilla, fue desaparecido en 1974 durante la época de terrorismo de Estado conocida como “Guerra sucia”. Como mamá Mary, Tita es respetada y querida por las y los familiares de personas desaparecidas. Karina me contaba que, hablando con Tita, ella le decía que le daba gusto que personas más jóvenes se unieran a la búsqueda porque ese trabajo ahora les tocaría a ellos.

Parece una responsabilidad ineludible, pues las personas continúan siendo víctimas de desaparición en el país. Sin embargo, eso provoca sentimientos encontrados. Sobre esto, Tania Guzmán decía “es bonito pero no, al mismo tiempo no, porque qué tiene de padre que cuando tenga un hijo lo traiga acá”.

A veces, la búsqueda parece ser un punto de encuentro en el que florece la esperanza, un espacio en el que la experiencia compartida permite el abrazo solidario, como un escape del mundo de la indolencia en el que la desaparición parece ser algo excepcional.

Otras veces, la búsqueda es una injusta carga que se les pone a las familias, abandonadas tanto por las autoridades que deberían protegernos a todas y todos como por la misma sociedad que, a veces con miedo, rehúye a la mirada de quienes sufren por no saber el destino de sus seres queridos. La brigada nacional de búsqueda surge como un espacio para construir.

Jorge Salas lo decía con una claridad que merece la pena replicar: “lo que hacemos aquí al apapacharnos entre todos, seamos o no familiares, es empezar a reconstruir. Eso es lo que yo decía cuando estaba en mi casa, es que yo quisiera ir a apoyar, a reconstruir allá a donde otras personas han destruido”.

Este artículo fue originalmente publicado por Pie de Página,  un proyecto de Periodistas de a Pie . IPS-Inter Press Service tiene un acuerdo especial con Periodistas de a Pie para la difusión de sus materiales.

 

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La madeja de la desertificación se desteje en Guyana

ter, 29/01/2019 - 12:00

Por culpa de la degradación de suelos, el planeta pierde 12 millones de hectáreas anuales de tierra fértil. Esta fotografía de 2013 registra los esfuerzos por reverdecer partes del desierto de Kubuqi, el séptimo más grande de China. Crédito: Manipadma Jena/IPS

Por Desmond Brown
GEORGETOWN, Jan 29 2019 (IPS)

El nexo entre desertificación, degradación de suelos y cambio climático es uno de los principales temas que esta semana congregan a las 197 partes de la Convención de las Naciones Unidas de Lucha Contra la Desertificación.

La 17 sesión del Comité para la Evaluación de la Implementación de la Convención (CRIC17, por sus siglas en inglés), que comenzó el lunes 28 y prosigue hasta el miércoles 30, tiene por escenario a Guyana, Estado miembro de la Comunidad del Caribe (Caricom).

Se trata de la primera reunión de una entidad subsidiaria del Convenio en llevarse a cabo en el Caribe anglófono.

Troy Torrington, director de asuntos multilaterales y globales del Ministerio de Relaciones Exteriores de Guyana, dijo que se trata de una cita importante para el Caribe, ya que pone de relieve el rol de los suelos en el combate al cambio climático.

“Es crucial que hagamos mayor énfasis en la tierra si queremos tener éxito en afrontar el desafío climático mundial”, señaló Torrington a IPS.

“En efecto, la tierra realiza varios aportes importantes al clima. Uno de los principales tiene que ver con el secuestro de carbono. Este enriquece la tierra… y con una buena planificación, manejo y prácticas en el uso de la tierra, se puede impulsar de modo significativo las soluciones al desafío climático mundial”, agregó.

Troy Torrington, del Ministerio de Relaciones Exteriores de Guayana, sostiene que para abordar el cambio climático hay que hacer un mayor énfasis en la tierra. Crédito: Desmond Brown/IPS

En 2009, Guyana firmó un pacto con Noruega según el cual el país nórdico accedió a pagar hasta 250 millones de dólares en un plazo de cinco años para que Guyana mantuviera baja su deforestación. Fue la primera vez que un país industrializado, consciente de sus propias emisiones de dióxido de carbono, pagó a un país en desarrollo para que mantuviera sus árboles en pie.

El pacto tuvo lugar en el marco de la iniciativa REDD+  (de Reducción de Emisiones por Deforestación y Degradación de Bosques), desarrollada por la Organización de las Naciones Unidas.

Melchiade Bukuru, director de la oficina de enlace de la Convención en Nueva York, coincidió con Torrington en materia de secuestro de carbono, observando que éste, que otrora perteneció al suelo en el que sirve como fertilizante, es un contaminador aéreo.

También dijo que para lograr la neutralidad en la degradación de suelos es necesario que unos 500 millones de acres (unos dos millones de kilómetros cuadrados) de tierras degradadas vuelvan a ser fértiles.

“A menos que aprovechemos la capacidad de nuestro suelo de secuestrar carbono para devolverlo a donde pertenece, no podremos lograr ni siquiera el objetivo de dos grados estipulado por la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático”, expresó Bukuru.

En la 21 Conferencia de las Partes (COP21) de la convención climática se aprobó el Acuerdo de París, que se comprometió a impedir que el recalentamiento planetario no supere los dos grados, así como a realizar esfuerzos para limitar el aumento de temperaturas a 1,5 grados y a llegar a las cero emisiones netas en la segunda mitad de este siglo.

Bukuru dijo que la degradación de suelos es también un importante desafío para los países, añadiendo que cada año el planeta pierde 12 millones de hectáreas de tierra fértil por culpa de este fenómeno.

Melchiade Bukuru, director de la oficina de enlace de la Convención sobre Desertificación en Nueva York, saluda a Andrea Sealy, del Instituto Caribeño de Meteorología e Hidrología. Crédito: Desmond Brown/IPS

Mientras, las tormentas de arena y polvo también forman parte del debate. Andrea Sealy, meteoróloga del Instituto Caribeño de Meteorología e Hidrología, con sede en Barbados, planteó que episodios severos de polvo en el Sahara afectan de manera significativa la calidad del aire, especialmente en los países del oriente del Caribe.

“Si hay mucho polvo, éste también perjudica a los paneles solares. Al quedar cubiertos de polvo, disminuye la cantidad de radiación que absorben. Así que ese es otro tema que necesitamos examinar, porque en la región dependemos en buena medida de la energía solar y nos volveremos aún más dependientes”, dijo Sealy a IPS.

“El polvo también afecta a los ecosistemas marinos. Es posible que afecte, además, a los ecosistemas terrestres. Se han realizado estudios sobre la Amazonia que muestran que tiene un efecto positivo sobre el suelo. Sin embargo, en los ecosistemas marinos repercute negativamente porque se producen brotes de algas”, explicó.

Como en los últimos años varios países experimentaron períodos de sequías extremas, el comisionado de tierras y sondeos de Guyana, Trevor Benn, dijo que la tierra y el agua están ligadas inextricablemente.

Benn señaló el caso del vecino Barbados, explicando que esa nación insular se está quedando sin agua, pero agregando que algunas personas no logran ver hasta que punto esa escasez se vincula con el uso de la tierra.

En el marco de la Convención sobre Desertificación, la CRIC17 evaluará el primer estudio global de la degradación de la tierra en base a datos de observación del planeta reportados por los gobiernos.

El estudio muestra las tendencias en materia de degradación de suelos entre 2000 y 2015, en base a datos aportados por 145 de los 197 países que son parte del pacto, y se prevé que sirva como punto de partida para examinar los avances en la reducción.

La CRIC17 incluirá diálogos interactivos sobre tres asuntos emergentes relacionados: el plan de acción de género como herramienta para mejorar las condiciones de vida de las poblaciones afectadas por la degradación de suelos, nuevas fuentes de financiamiento de iniciativas para el combate a este flagelo, y el avance en el cumplimiento del Objetivo de Desarrollo Sostenible 15.3.

El mismo se propone, para el año 2030, “luchar contra la desertificación, rehabilitar las tierras y los suelos degradados, incluidas las tierras afectadas por la desertificación, la sequía y las inundaciones, y procurar lograr un mundo con una degradación neutra del suelo”.

La CRIC se reúne una vez entre las sesiones de la COP a fin de evaluar los informes de cada país presentados de acuerdo con las decisiones de la misma.

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Tsunamis mineros se convierten en repetidas tragedias en Brasil

seg, 28/01/2019 - 17:46

Parte de uno de los equipos de rescate el lunes 28 de enero, en la localidad brasileña de Brumadinho, donde la rotura de un dique en una balsa de residuos mineros provocó una nueva tragedia humana y ambiental en Brasil. Crédito: Ricardo Tucker/Fotos Públicas

Por Mario Osava
RÍO DE JANEIRO, Jan 28 2019 (IPS)

Brasil seguirá sufriendo tsunamis mineros como el que ha ocasionado la muerte de más de 300 personas en Brumadinho el 25 de enero, que repite el colapso de otro dique de residuos que provocó 19 muertes y ahogó en fango el río Doce en 2015.

Es el dramático diagnóstico de Julio Cesar Grillo, superintendente del gubernamental Instituto Brasileño de Medio Ambiente (Ibama) en Minas Gerais, el estado brasileño más afectado por la maldición de la minería, grabada en su propio nombre.

Desde 2002, en Minas Gerais, en el sureste del país, se ha roto cada dos años en promedio una de las balsas que almacenan los relaves, los residuos minerales mezclados con barro estéril.

Es un récord que concentra 25 por ciento de estos accidentes a nivel mundial, que promedia el número de dos por año,  destacó Grillo a IPS.

En ese estado se localizan 220 de las 449 presas de relave incluidas en el Programa Nacional de Seguridad de Presas de la Agencia Nacional de Minería, órgano regulador del gobierno central. En total en el país hay 839 depósitos de relaves, pero los demás no se incluyen en el programa por no representar un peligro.

La rotura del embalse Fundão el 5 de noviembre de 2015 en Mariana, un municipio de 60.000 habitantes en el centro del estado, era hasta ahora la mayor catástrofe ambiental de Brasil. El fango mineral extinguió la vida a lo largo de los 500 kilómetros del río Doce, que transportó la contaminación hasta el océano Atlántico.

La letalidad casi 20 veces mayor de Brumadinho, un municipio de 39.000 habitantes a 85 kilómetros  de Mariana, se debe básicamente a que el centro administrativo de la mina Feijão (frijol), explotada por la empresa Vale, estaba a 1,6 kilómetros cuesta abajo de la represa Córrego do Feijão (riachuelo del frijol).

El relave de Brumadinho era de 12,7 millones de metros cúbicos, un cuarto del volumen del de Mariana.

Los daños ambientales serán menores, pero la tragedia humana mucho peor, reconoció Fabio Schvartsman, el presidente de Vale, la principal compañía minera de Brasil y la mayor exportadora mundial de hierro, antes de conocer los datos de las pérdidas humanas.

Al estallar el dique, poco después del mediodía del viernes 25, gran parte de los trabajadores de la mina, estimados en 427 por la empresa, estaban almorzando. En pocos minutos el barro sepultó todo el complejo administrativo, incluyendo el comedor.

No sonó la alarma prevista en caso de accidentes, según sobrevivientes.

En la mañana de este lunes 28, hora local,  el Cuerpo de Bomberos, que coordina la búsqueda de sobrevivientes, anunció la confirmación de 60 muertos, solo 19 identificados.

Los desaparecidos eran 292, sepultados entre una masa de entre 15 y 20 metros de barro tóxico, y se logró rescatar 192 personas, entre las cuales ha decenas de heridos.

El Córrego do Feijão (riachuelo del Frijol), sepultado por el desbordamiento del depósito de residuos minerales de la mina de hierro de la empresa Vale, en Brumadinho, en el estado de Minas Gerais, en el sureste de Brasil, donde centenares de represas de relaves amenazan a la población, los ríos y la naturaleza. Crédito: Isac Nóbrega/PR-Fotos Públicas

¿Cómo fue posible construir allí el centro administrativo, una trampa en la línea de destrucción del tsunami de fango?

“Los empresarios mineros no admiten que pueda ocurrir lo peor, aunque sepan que no hay riesgo cero. Ignoran el principio de la precaución, eluden las normas y minimizan los daños. Es el capitalismo salvaje”, resumió Grillo en su diálogo con IPS

Su convicción de que las tragedias se repetirán se debe a esa actitud de las firmas mineras y la imposibilidad de aprobar una legislación adecuada, al menos en el singular caso de Minas Gerais.

Un proyecto de ley regional elaborado tras la tragedia de 2015, con participación de órganos de control como Ibama y el Ministerio Público (fiscalía), organizaciones ambientalistas y comunidades, fue rechazada en la Asamblea Legislativa de Minas Gerais, pese al apoyo de más de 50.000 firmas de electores, lamentó Grillo.

Las empresas mineras presionan a los legisladores, reconoció, coincidiendo en ello con el único diputado que votó por la propuesta, el socialdemócrata João Vitor Xavier. Los opositores al proyecto argumentaron que una ley tan rígida “volvería inviable la minería”.

Evitar nuevas tragedias mineras solo sería posible eliminando esas balsas de relave, con “la disposición en seco de los desechos”, según Grillo, ingeniero de 66 años volcado a innovaciones tecnológicas y luchas ambientales.

“Hay cinco técnicas ya comprobadas en Minas Gerais, incluso por la Vale, que le quitan agua al relave, haciéndolo casi sólido, un residuo que se puede aprovechar en la construcción, para hacer hormigón o base de pavimentación de carreteras”, explicó.

Eso incluye la filtración y otras técnicas de tratamiento que se descartan porque representarían costos adicionales.

“Podría reducir utilidades en 0,5 o uno por ciento, nada excepcional. Pero las empresas prefieren arriesgar, maximizar las ganancias”, señaló el superintendente de Ibama, en el cargo desde diciembre de 2017.

Militares de Israel llegaron el lunes 28 de enero al estado de Minas Gerais, en el sureste de Brasil, para ayudar al rescate de las 292 personas que aún permanecían desaparecidas tras el desbordamiento de una balsa de residuos mineros en Bramadinho. Crédito: Renato Cobucci/Agência de Brasil

Y tragedias más graves están al acecho.

En Paracatu, 430 kilómetros al noroeste de Brumadinho, el depósito de relave es de 475 millones de metros cúbicos, 12 veces el de Fundão en Mariana, realzó Grillo.

Además, sus desechos son más letales, porque incluyen arsénico y cianuro, ya que se trata de un yacimiento de oro, no de hierro como los de Mariana y Brumadinho.

Esa mina es explotada por el grupo canadiense Kinross Gold, que controla 22 por ciento de la producción de oro en Brasil, y con presencia también en Chile, América del Norte, África y Rusia.

“Perderíamos el río São Francisco por más de un siglo”, si se rompe el dique en Paracatu, advirtió Grillo. Ese río es uno de los ríos más largos de Brasil, con una extensión total de 2.830 kilómetros, y la mayor fuente de energía eléctrica de la región del Nordeste del país.

Las muertes serian incalculables, no solo porque el barro sepultaría las poblaciones  ribereñas, sino también porque se envenenaría el agua de millones de familias, en la cuenca de 641.000 kilómetros cuadrados.

Una mortandad más inmediata es un riesgo para Congonhas, 50 kilómetros al sureste de Brumadinho, donde “en cinco minutos el relave sumergiría un barrio de más de 20.000 habitantes, ubicado a 300 metros abajo del dique”, teme el ingeniero ambientalista.

La repetición de esas tragedias es previsible también para Bruno Milanez, profesor de la Universidad Federal de Juiz de Fora, la segunda mayor ciudad de Minas Gerais, por detrás de su capital, Belo Horizonte.

“No discutimos si habrá otros accidentes, sino cuando ocurrirán”, dijo en entrevista al diario Folha de São Paulo del 28 de enero. Las empresas expanden sus minas cuando sube el precio del mineral y recortan costos de mantención en la baja, luego estallan sus presas de relave, explicó el especialista, quien coordina un núcleo de investigación sobre minería y ambiente.

Belo Horizonte, con sus 2,5 millones de habitantes, está rodeada de minas que han ido rebajando sus cerros y amenazan sus aguas.

Brumadinho, a 40 kilómetros en línea recta, integra la región metropolitana. El depósito de relave estallado ahora ya contaminó el río Paraopeba, una fuente que será reemplazada por otros manantiales, aseguraron las autoridades hídricas.

El barro ahora deberá escurrir ahora hasta ser contenido en la represa hidroeléctrica de Retiro Baixo, a 220 kilómetros río abajo. “El sacrificio de esa fuente de energía evitará daños ambientales más graves”, que podrían llegar al São Francisco, comentó Grillo.

Mientras, hay minas cuyos residuos amenazan el Parque Rola Moça y las sierras del Curral y de Piedade, todas en las cercanías de Belo Horizonte.

Las maniobras empresariales dificultan la prevención de accidentes. Hay empresas que se declaran en quiebra luego de explotar los yacimientos durante algún tiempo, dejando detrás pesados pasivos ambientales.

Vale, fundada en 1942 como estatal y privatizada en 1997, es socia de la mina accidentada en Mariana y tiene otras 140 unidades en Brasil.

En el caso de Brumadinho, logró autorización para expandir la mina, presentando la propuesta junto con la desactivación del relave.

“Me abstuve en la votación porque el paquete presentado juntó un proyecto positivo y otro negativo”, porque profundizar la excavación minera contaminaría la napa freática que abastece la población aledaña, concluyó Grillo.

La tragedia humana y ambiental de Brumadinho sucedió apenas tres días después de que el presidente Jair Bolsonaro, de extrema derecha, se jastase en el Foro Económico Mundial de Davos, en Suiza de que “somos el país que más preserva el medio ambiente en el mundo”. En las redes sociales, cientos de usuarios esperan quela catástrofe sirva, al menos,  para que su gobierno contenga su promesa de reducir las reglas de preservación ambiental.

Edición: Estrella Gutiérrez

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Acoso escolar cercena derechos, salud y educación

seg, 28/01/2019 - 13:00

Estudiantes en Quibdó, capital de la provincia colombiana de Chocó. La violencia y el acoso escolares siguen siendo un grave problema en el mundo. Crédito: Jesús Abad Colorado/IPS

Por Tharanga Yakupitiyage
NACIONES UNIDAS, Jan 28 2019 (IPS)

Aunque las cifras del acoso escolar o “bullying” parecen haberse reducido, la realidad indica que el flagelo continúa su azote sin pausa en el mundo, dejando secuelas imborrables en quienes lo padecen, según un estudio de la ONU.


La Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) dio a conocer el informe “Behind the numbers: Ending school violence and bullying” (Detrás de los números: Poniendo fin a la violencia y el bullying) en ocasión del Foro Mundial de Educación 2019, celebrado este mes en Gran Bretaña.

“Todos los niños, niñas y jóvenes tienen derecho a entornos educativos seguros, inclusivos y efectivos”, dijo la directora general adjunta de Unesco para la Educación, Stefania Giannini, en la presentación del reporte.

El mismo concluye que casi uno de cada tres estudiantes padecieron acoso por parte de algún compañero o compañera de la escuela por lo menos una vez en el último mes, y que una proporción similar padeció violencia física.

Si bien la apariencia física es el motivo más frecuente del bullying, quienes enfrentan un riesgo mayor en este sentido son los estudiantes que los demás perciben como diferentes en materia de género.

En Australia, entre 60 y 70 por ciento de los jóvenes de la comunidad de lesbianas, gays, bisexuales y transgéneros (LGBT) reportaron haber padecido bullying debido a su orientación sexual o identidad de género.

En Tailandia, en tanto, la prevalencia del bullying entre los jóvenes LGBT fue de 55 por ciento.

Además, en un total de 96 países evaluados, 23 por ciento de los niños y niñas afectados por el acoso escolar admitieron haber considerado seriamente la posibilidad de suicidarse, en comparación con 12 por ciento de los que no padecieron bullying.

En 2010, el suicidio del estudiante universitario Tyler Clementi, de Nueva Jersey, colocó los focos sobre los padecimientos de los jóvenes LGBT y también sobre el fenómeno del “ciberbullying”, que se sirve de la informática y las redes sociales de Internet para acosar a las víctimas.

Clementi, de 18 años, fue objeto de abusos de este tipo luego que su compañero de habitación en la universidad reveló públicamente que el joven era gay, espiándolo con una cámara web y difundiendo en las redes sociales sus encuentros sexuales con otro hombre.

El muchacho se quitó la vida arrojándose al río Hudson.

El año pasado, un niño de nueve años del estado estadounidense de Colorado se suicidó después de confesarles a sus compañeros de clase que era homosexual.

“La violencia escolar y el bullying pueden ser devastadores para las víctimas”, dijo Giannini, agregando también generan consecuencias en los resultados educativos de los estudiantes.

“Una atmósfera de ansiedad, temor e inseguridad es incompatible con el aprendizaje, y los entornos educativos inseguros pueden, por lo tanto, perjudicar la calidad de la educación para todos los estudiantes”, explicó.

Según la Unesco, los niños y niñas que padecen bullying con frecuencia tienen el triple de probabilidades de sentirse como extraños en los establecimientos escolares, y casi el doble de faltar más a menudo.

Aija Mayrock relató su caso en un informe de la oficina del Representante Especial del Secretario General de las Naciones Unidas sobre la Violencia contra los Niños (SRSG, por sus siglas en inglés).

“Yo tenía ocho años la primera vez que padecí bullying. Uno de mis compañeros me dijo: ‘No le caes bien a nadie, jamás le caerás bien a nadie’. Desde ese momento soporté el acoso cada día durante ocho años. Sufrí acoso verbal, físico y a través de las redes sociales. Les creí a mis compañeros. Sus palabras empezaron a convertirse en la constitución según la cual vivía. Dejé de hablar en la escuela. Mantuve mi cabeza gacha y mis ojos clavados en el suelo todo el tiempo. En cierto sentido, comencé a entregarme”, narró.

La Unesco concluyó que los niños y niñas que son acosados tienen peor desempeño en los exámenes que sus pares que no padecen este problema, y que esto incluso afecta su continuidad en el sistema educativo.

Según el Programa para la Evaluación Internacional de Estudiantes, 45 por ciento de los alumnos acosados con frecuencia querían abandonar la educación formal luego de completar la escuela secundaria.

“Ser protegidos del bullying es un derecho humano fundamental”, señaló Marta Santos Pais, de la SRSG, en la presentación del informe de su oficina sobre el tema en 2018.

Giannini subrayó la importancia de abordar la violencia escolar y el bullying a fin de cumplir los Objetivos de Desarrollo Sostenible, en particular el cuarto, que busca garantizar una educación de calidad, inclusiva e igualitaria.

Por lo tanto, es esencial controlar los avances y recabar datos sobre la prevalencia y las tendencias en materia de violencia escolar, así como las respuestas a estos problemas, añadió.

También se necesitan un liderazgo político fuerte y un marco legal y político robusto para abordar la violencia contra la población infantil.

En Jamaica, el primer ministro Andrew Holness, quien antes fue ministro de Educación, trabajó para prohibir los castigos corporales en las escuelas y promovió el uso de una disciplina positiva, a fin de volver la vida escolar una buena experiencia para todos los educandos.

En Estados Unidos, algunos estados, entre ellos Nueva York y Colorado, adoptaron leyes contra el bullying que incluyen protecciones específicas para los adolescentes LGBT.

Según la  organización estadounidense GLSEN, que trabaja por los derechos educativos de la comunidad LGBT,apenas 18 de 50 estados tienen esas leyes.

En otras partes, algunas organizaciones de la sociedad civil toman el asunto en sus propias manos.

Por ejemplo en Chile, la Fundación Selenna creó la primera escuela de América Latina para niños y niñas transgénero como una manera de proteger a estos estudiantes del acoso y la discriminación. Muchos de los estudiantes que se inscribieron fueron aquellos que antes faltaban a clases o desertaban de las escuelas por culpa de sus malas experiencias.

“La violencia relacionada con la escuela en todas sus formas es una violación a los derechos de niños, niñas y adolescentes a la educación y a la salud y el bienestar. Ningún país puede lograr una educación de calida, inclusiva e igualitaria para todos si los estudiantes experimentan violencia y bullying en la escuela”, dijo Giannini.

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El artículo Acoso escolar cercena derechos, salud y educación fue publicado originalmente en IPS Agencia de Noticias.

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